Leh, el pequeño Tibet

Al día siguiente, dejamos atrás Pang para continuar nuestro camino hacia Leh, no sin antes hacer la segunda cumbre más alta de nuestro viaje, el Taglang La, de 5325m de altitud. Aquí pecamos de confiados y tras varios “mueve la moto aqui que te saco una foto” y “súbete allá que te saco otra” nuestras cabezas nos dieron tal ultimatum que tuvimos que pagar el exceso de tiempo que nos habíamos tomado con un dolor horroroso durante la bajada del puerto para el que los baches suponían el doble de suplicio. Ibamos tan drogados que nos saltamos a un obrero haciendo señas con una bandera roja para que paráramos y nos dimos cuenta de lo que nos decía cuando desde la moto de atrás vi como una roca del tamaño de una rueda de coche bajaba rodando descontrolada por la ladera e invadía el carril de mi hermano justo unos segundos después de pasar él. Vaya susto.

Durante los 170 km restantes vivimos una descompresión, tanto en altura ya que bajamos a 3500m, como en paisaje, ya que la entrada a través de un afluente del río Indo formaba un valle de un verde increíble rodeado todavía por gigantes de piedra arenisca que nos seguían recordando que estábamos en el Himalaya. El éxtasis llegó al juntarse el afluente con el río Indo, un valle de unos 10 km de ancho con un verde increíble , a una altura de 3500 m y flanqueado por montañas desérticas de 6000m y 7000m. El camino desde el encuentro de los ríos hasta la ciudad de Leh se ha quedado grabado en nuestras retinas, y además de bonito, fue placentero ya que rodábamos por una maravillosa carretera asfaltada de liso y brillante cemento el cuál hacía tres días que no veíamos.

Llegar a Leh fue como la llegada de un ciclista a la meta en primera posición, sabe que ha ganado una etapa, pero que al día siguiente comienza otra tan dura o más que la anterior, y eso nos pasaba a nosotros ya que en dos dias , despues de tramitar los permisos necesarios,seguiríamos nuestra ruta al objetivo de este viaje, el puerto transitable más alto del mundo, el Khardung Lah de 5602m, pero aún tuvimos dos días para recorrer a conciencia el fabuloso valle del río Indo , los alrededores de Leh y los monumentos de la ciudad. En estos dos días, pudimos limpiar nuestro karma de malos espíritus y colmarnos de paz interior recorriendo uno por uno los numerosos templos budistas del valle, tal era nuestra tranquilidad que en nuestro relajamiento nos “cazaron” conduciendo la Enfield sin casco y tuvimos nuestro primer encontronazo con la autoridad india, un euro con cincuenta fue el resultado del mismo y el policía sabiendo de lo barato que nos resultaba a los occidentales la multa así nos lo hizo saber con una frase tipo “venga pagarme que sólo son 100 rupias”.

 

Tiendas variadas en Leh

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